El baul de las ausencias

Habíamos quedado para tomar un café y de paso me enseñaría su nueva casa, había vuelto de un trabajo en el extranjero durante unos meses y tuvo que buscar otro piso ya que se había desecho del que tenia antes.
Éramos amigos desde hacia mucho tiempo, amigos y algo más, cuando nos apetecía nos acostábamos, los dos teníamos las mismas inquietudes sexuales, a los dos nos gustaba experimentar, probar cosas nuevas y ninguno le hacia preguntas al otro de su vida fuera de nuestros encuentros, se podía decir que era una amistad sexual perfecta.
Me costo un poco encontrar su casa pero finalmente di con ella, cuando llegue estaba en el balcón, esperándome, en cuanto me vio se metió dentro y me abrió el portal, subí hasta el segundo piso y allí estaba ella, preciosa como siempre, se había cortado el pelo, muy cortito, pero solo de un lado, también se lo había teñido de un rubio muy clarito, casi blanco, me recordaba a Pink, la cantante, con esa carita de niña mala que siempre tiene, estaba guapísima. En cuanto me acerque a ella los dos nos dimos un fuertísimo abrazo, ambos teníamos muchas ganas de vernos.
Pase al salón y tomamos un café tranquilamente, estuvimos charlando un buen rato de todo el tiempo que estuvo ella fuera, del trabajo nuevo que tenia ahora, el típico interés que tienes por un amigo al que hace tiempo que no ves pero sin tampoco dar muchas explicaciones sobre la vida privada de cada uno. El salón aun estaba a medio montar, de echo no tenia sofá, estábamos sentados sobre una pequeña cama que lo sustituía, apoyando las tazas del café en una caja de cartón dada la vuelta que había utilizado para la mudanza.
Cuando ya había pasado un buen rato ambos nos quedamos callados, mirándonos, yo tenia muchísimas ganas de besarla, y ella se ve que también porque no tardo en cogerme con sus manos por la cabeza y pegar sus labios a los míos. Nos estuvimos besando por todo el tiempo que hacia que no nos veíamos, jugando con nuestras lenguas, con nuestros labios, mordiéndonos, acariciándonos.
- Tenia muchísimas ganas de verte - dijo ella separándose.
- Yo también cielo, te eche mucho de menos, me pasaría mirándote horas y horas para recuperar todos estos meses que no estuviste.
- Pues me acabas de dar una idea.
- ¿Y eso?
- Tu te pasarías horas mirándome y a mi me encanta que me mires, tienes una mirada preciosa y me excita muchísimo cuando me miras fijamente.
- Pues tu dirás, sabes que a ti no te digo que no a nada.
Y seguidamente se levanto y se dirigió a otra habitación. Volvió enseguida con una cajita en sus manos, era como un baúl en pequeñito, no quería ni pensar lo que tendría ahí guardado.
- Siéntate hacia atrás y ponte cómodo.
No hizo falta que lo dijese dos veces, me incline hacia la caja de cartón que hacia de mesa y cogí mi paquete de tabaco, me encendí un cigarrillo y tras coger el cenicero me lo puse al lado e hice lo que ella me había ordenado.
A la primera calada ella ya estaba delante mía, de pie, desnudándose, muy lentamente, quería excitarme y lo iba a conseguir, yo no dejaba de mirarla, se desabrocho la blusa poco a poco y se la dejo caer por los hombros y los brazos hasta que llego al suelo, no llevaba sujetador, sus pechos quedaron desnudos ante mi, apuntándome, señalando a su victima, se los agarro fuertemente con las manos y los apretó hasta no poder mas echando levemente su cabeza hacia atrás, volvió a clavar su mirada en la mía soltando sus pechos para esta vez agarrar sus pezones con los dedos y tirar de ellos, girándolos suavemente, pellizcándose, poniéndolos duros bajo sus dedos. Bajó las manos por su vientre acariciándose, y tras agarrar la ropa que le quedaba se giro empezando a bajarse todo lentamente, inclinada hacia adelante, mostrando su precioso trasero y todo su manjar ante mis ojos.
Cuando por fin estuvo desnuda, se tumbo en el lado de la cama que yo le había dejado libre, boca arriba, con las piernas hacia mi volviéndose a acariciar los senos para que sus pezones no perdiesen la dureza que habían adquirido. Abrió sus piernas, y bajando una de sus manos empezó a masturbarse, allí, delante mía, mientras yo la observaba dándole las ultimas caladas que le quedaban al cigarro que me había encendido. Podía ver como con sus dedos acariciaba su clítoris en suaves círculos alternando con lentas bajadas de su mano hacia su vagina, metiéndose un dedo, luego dos, volviéndose a acariciar el clítoris hasta alcanzar poco a poco un estado de éxtasis y excitación que me estaba poniendo como una moto.
Acabe el cigarrillo y lo apague, me levante para dejar el cenicero encima de la improvisada mesa y me gire para mirarla, de pie, desde arriba, la vista de ella allí tumbada, masturbándose, disfrutando de su cuerpo y de sus manos me estaba volviendo loco, así que antes de volverme a sentar decidí quitarme yo también la ropa.
Cuando volví a su lado ella saco la mano de su sexo, la llevo hacia la cajita que antes había traído de la otra habitación y la abrió. Dentro había un consolador y varios juguetes mas.
- Ya veo a que te dedicas cuando no estoy - le dije mientras esbozaba una leve sonrisa.
- Tengo que ir llevando los días que no te veo, pero no es lo mismo, lo que pasa que hoy me apetecía, me apetecía contigo delante, que me miraras.
- Y me encanta cielo, me encanta mirarte, me excita muchísimo.
Y seguidamente saco de su pequeño baúl unas pequeñas bolas chinas. Se las llevo a la boca y empezó a chuparlas, mientras las chupaba levanto una de sus piernas, y pasando una de sus manos por detrás de sus caderas empezó a acariciarse el ano, introduciendo poco a poco uno de sus dedos, la humedad que emanaba de su sexo había resbalado por su esfínter haciendo que aquel dedo entrase con facilidad. Estuvo unos minutos jugando con aquellas bolas en su boca, chupándolas y lamiéndolas mientras con su dedo jugaba en su ano cada vez mas adentro. Finalmente lo saco, con la misma mano cogió su juguete y lo llevo al medio de sus glúteos, poco a poco fue metiendo las bolitas a través del agujero de su recto, una a una iban desapareciendo, como si se las tragase, cuando acabo solo se podía ver un fino hilo con un arito colgado en su final, volvió a echar la mano a su caja y saco su vibrador, era verde, no muy grande, a el también lo chupo un par de veces y medio de lado, sin bajar la pierna que tenia levantada, se lo introdujo hasta lo mas hondo de su sexo.
Empezó a moverlo rápidamente, se notaba que estaba muy cachonda, que quería llegar al final, yo también lo estaba viendo aquello, apoye mi espalda en la pared y sin quitarle ojo de encima empecé a masturbarme muy despacio viendo a mi amiga en aquel estado.
Sus gemidos se mezclaban con el ruido del vibrador y el sonido del movimiento en su empapada vagina, entonces agarro la anilla que había quedado colgando en una de sus nalgas y empezó a tirar de ella, lentamente las bolas iban saliendo una a una mientras la otra mano no paraba de mover el vibrador de adentro a afuera, rápidamente, mientras un fuerte grito de clímax retumbaba en la habitación acompañado de la salida de la ultima bola que quedaba en su interior. Varios espasmos recorrieron su cuerpo mientras el vibrador cada vez se movía con mas lentitud y unas gotas brillantes que asomaban por su vagina caian lentamente por su muslo hasta mojar la sabana sobre la que se hallaba tendida.
Yo seguía allí, sentado, mirándola, masajeándome el excitado y duro miembro cuando ella se reincorporo, se puso boca arriba apoyada sobre sus codos y levantando uno de sus pies empezó a acariciarme el torso, jugando con su dedo gordo en uno de mis pezones, subiendo por mi cuello y acariciándome con el los labios. Agarre su pie por el tobillo y empecé a chuparle los dedos, luego el empeine y nuevamente los dedos.
- Mójamelos todo lo que puedas - dijo suavemente.
Así que poco a poco fui regando con mi saliva todos y cada uno de sus dedos, primero de un pie, luego del otro, cuando ya estaban suficientemente mojados los retiro, se apoyo fuertemente en sus codos, y delicadamente agarro mi polla con ellos empezando a realizar suaves movimientos de arriba abajo. Era la primera vez que me masturbaban con los pies, me gustaba, era una sensación distinta, mi excitación ya había llegado casi a su limite solo con mirarla y ahora aquello me estaba volviendo completamente loco, de hecho ella lo sabia, y sabia lo que quería, quería verme disfrutar, quería dejar claro todo lo que me había excitado anteriormente y lo iba a conseguir. Un chorro de semen salio disparado hacia arriba cayendo luego sobre sus pies, luego otro, y otro, sus suaves masajes hacían que mi leche saliese a golpes, cayendo sobre sus dedos, sus empeines y sus tobillos. Hacia tiempo que no me corría de esa manera, y solo ella podía haberlo conseguido...
Dedicado a Mr. Jimmy









